EVANGÉLICOS EN LA ARENA PÚBLICA

5 agosto, 2014 at 8:55 am Deja un comentario

A propósito del culto en memoria de los evangélicos asesinados en Callqui-Peru
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Reunidos en el emblemático Memorial “El Ojo que LLora”, un grupo de miembros y lideres de la comunidad evangélica en Peru organizaron un significativo acto litúrgico para recordarnos que la sociedad y el Estado aún tiene una deuda pendiente con las víctimas de la violencia política en el Perú.

Los líderes de este sector del campo religioso peruano hicieron memoria que hace 30 años, el 1 de agosto de 1984, una patrulla de la infantería de Marina irrumpió violentamente en el templo de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de Callqui, en Huanta, Ayacucho, en momentos que aproximadamente 28 feligreses participaban en un tradicional culto de oración. Los militares extrajeron a seis de los asistentes, asesinándolos a pocos metros de la iglesia. Este es uno de los cientos de casos que relata el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Quisiera subrayar dos aspectos sobre lo que representa este acto, especialmente en relación al cada vez más intenso proceso de apropiación religiosa de los espacios públicos, por el cual los diversos grupos vinculados a las iglesias buscan ganar legitimidad, obtener visibilidad y construir cierto poder –cultural y político –más allá de los pasillos eclesiásticos.

Primero, observamos aquí una lógica de apropiación del espacio público y afirmación del poder religioso que se construye desde la frontera de la sociedad civil.

Es interesante observar que este ritual se llevó a cabo en un lugar público que reviste de características 1
particulares. Por un lado, es el espacio más cercano a la sociedad civil que al poder político oficial. Por otro lado, los líderes de este sector religioso optaron por rememorar aquel condenable suceso en uno de los sitios públicos que simbólicamente representa no solo el lugar desde el que las víctimas de la violencia política aún claman y demandan por justicia y reparación, sino también el espacio que nos devela a una sociedad que no logra aún construir un verdadero proceso de reconciliación, en el que el Estado tiene una responsabilidad capital.

Por lo tanto, estamos aquí frente a un sentido particular de apropiación religiosa de lo público, que se construye sobre la base de la interpelación ética al poder político, la solidaridad con las víctimas y la apuesta por construir una sociedad que se sostenga no solo en el cumplimiento de los deberes sino también en la afirmación y defensa de los derechos ciudadanos.

Decía el pastor Francisco Vergara, durante su sermón en aquel acto litúrgico, que no podemos celebrar la bonanza económica y el desarrollo en un país en el que aún hay inequidad e injusticia, que afecta a los más pobres. El propio comunicado del CONEP, leído en dicho acto, advierte que la impunidad afecta el estado de derecho y “representa una afrenta más a la dignidad de las víctimas [de la violencia] que no deberíamos permitir”.

Solo juzgando el discurso de ambas declaraciones, podríamos advertir su coincidencia con una corriente de la teología pública que se sostiene en aquellas prácticas pastorales que no solo se quedan en los gestos de compasión por el prójimo, sino que promueven el bien común y buscan generar las condiciones para que sus derechos sean reconocidos y su dignidad sea valorada plenamente (Sinner, 2007).

Segundo, este acto litúrgico da cuenta del modo como un sector religioso toma partido por una lógica de reconstrucción de las memoria pública en sociedades que han pasado por situaciones de violencia o dictadura. Se trata de la memoria de la reconciliación en contraste con la memoria de la salvación mesiánica.

SONY DSCEsta postura se distancia de aquellos grupos que buscan reconstruir la memoria sobre la base solo de las historias oficiales que con frecuencia se resisten a conocer y develar toda la verdad, especialmente aquella que se alimenta del testimonio de las víctimas y la información proporcionada por el periodismo independiente.

Motivados por esta perspectiva, varios grupos evangélicos que animaron el culto del 1º de Agosto participaron activamente en los esfuerzos de la sociedad civil para la creación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y siguen insistiendo en la aplicación de políticas justas de reparación a las víctimas.

El mismo acto litúrgico, que rompe el esquema tradicional de los cultos y servicios evangélicos de celebración, expresa la imagen de un sector religioso que asume que no se puede reconstruir nuestra memoria y los cimientos de la reconciliación –post-conflicto – con prácticas que legitiman la cultura del recuerdo amnésico, que pontifica la historia oficial y subestima el testimonio de las víctimas.

Justamente, es probable que a muchos sectores religiosos les cueste asumir esta perspectiva pastoral de la reconciliación, porque –como sostiene Gonzalo Gamio –“la construcción pública de la memoria constituye no solo una expresión de solidaridad con las víctimas, sino también una señal de resistencia a los proyectos políticos totalitarios que inciden en la agenda pública desde la lógica de la construcción de la memoria “desde arriba”, que confunde la representación con el tutelaje” (Gamio, 2009: 34).

Un detalle adicional es que el acto realizado en el Memorial “el ojo que llora” contó con la presencia de SONY DSCotros líderes que representan a organizaciones no eclesiásticas, incluyendo la presencia del Defensor del pueblo. Esto revela que los grupos religiosos contemporáneos, en su afán por resituarse en la esfera pública, han construido relaciones cada vez más sostenidas con actores y líderes afines a la causa que abrazan, quienes reconocen el importante rol de la religión en las iniciativas ciudadanas.

Al respecto, Clarence Y.H. Lo (1992) sostiene que aquellos grupos religiosos que se mueven desde las instancias de la sociedad civil y tienen un rostro más ciudadano pueden constituirse en lo que él denomina “comunidad de desafiadores”, debido a que –por la imagen de confianza y credibilidad construida –pueden contribuir a desafiar, alentar o animar a los activistas sociales a pensar que es posible lograr aquellos cambios sociales que no necesariamente se consiguen a corto plazo, como es el caso de los procesos de reconciliación y políticas de reparación a las víctimas de la violencia.

Una palabra final. Colocando este acto litúrgico en el contexto de otras iniciativas religiosas similares por su forma pero con diferencias por sus motivaciones y matices en su contenido, es posible apreciar que los actores religiosos emergentes empiezan no solo a reclamar un lugar más protagónico en el espacio público, sino también a construir un discurso y una práctica social y política en la que el lenguaje y el abordaje religioso de los problemas sociales se encuentran en un proceso permanente de re-significación. En el caso de los evangélicos, es importante subrayar esta tendencia a la pluralización de la actuación y la representación, a fin de evitar ciertas lecturas homogeneizantes. Es importante que los medios de comunicación, por ejemplo, empiecen a asumir que lo evangélico tiene diversas expresiones y representaciones en el espacio público. En ese sentido, nos encontramos hoy con lógicas diversas respecto al modo cómo se entiende la apropiación del poder, la participación política y el propio rol de las iglesias en el contexto de la laicidad del Estado.

De cualquier modo, lo que observamos –tanto en aquellos que ven la participación política como una suerte de batalla moral para legitimar una determinada apuesta religiosa en la agenda política como en aquellos que la asumen desde la lógica de la resistencia ética ciudadana–, es que estos sectores evangélicos han empezado no solo a generar sus propios espacios para la discusión y el abordaje de los problemas sociales, sino también a desarrollar visibles estrategias de incidencia política para generar cambios culturales y estructurales, desde sus particulares apuestas teológico-políticas.

Referencias:

Gamio, Gonzalo (2009), Tiempos de Memoria. Reflexiones sobre Derechos Humanos y justicia Transicional. Lima: DHEPUCP-CEP.

Lo, Clarence Y.H. (1992). Community of Challengers in Social Movement Theory, New haven: Yale University Press.

Sinner, Rudolf von. (2007), Towards a Theology of Citizenship as Public Theology in Brazil, Revista “Religion & Theology # 16.

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