La cruzada religiosa de los revocadores

8 diciembre, 2012 at 11:23 am 2 comentarios

revocadores-susana-villaran-imagenEl proceso de revocatoria contra la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, revive nuevamente el debate respecto a las implicancias de la presencia de actores religiosos en el escenario político peruano.

El programa periodístico “#esnoticia” ha develado recientemente la activa participación de la organización evangélica denominada “Coalición Provida y Profamilia Internacional” (CIPROFAM) en la campaña a favor de la revocatoria de Villarán y sus regidores, levantando la bandera de una supuesta limpieza moral de la de ciudad.

Esta revelación periodística nos recuerda la activa e influyente participación de grupos y actores religiosos conservadores en la arena política actual. En ese escenario, es importante advertir que la presencia del CRIPOFAM, liderado por el controvertido pastor José Linares Cerón, en el grupo de los revocadores, no es un esfuerzo circunstancial ni coyuntural, responde más bien a una estrategia sostenida en el que confluyen aquellos  grupos evangélicos que han visto en la acción política un terreno conveniente para apropiarse del poder político a cualquier costo.

Por lo tanto, CIPROFAM hace parte de una coalición evangélica más amplia que ha decidido conquistar el poder político, ubicándose en instancias donde se toman decisiones que inciden en las políticas públicas. Aun cuando muchos de ellos intentan construir un discurso menos religioso, su lógica teocrática del poder se sostiene en aquella concepción mesiánica,  por el cual se asume que los gestores “predestinados” de la fe tienen un imperativo moral o un mandato cultural para extender su dominio religioso en las estructuras y espacios de decisión política, bajo el pretexto de salvar o rescatar a la sociedad de la maldad; mejor dicho, solo de aquellos males o pecados que no colisionen con sus intereses de poder.

Muchos líderes de esta amplia coalición, que antes hacían parte directa o indirecta de la formación de un partido político evangélico para llegar al poder, están hoy en la arena política, militando en partidos políticos o acompañando a movimientos cuyos presupuestos ideológicos concuerdan en esencia con la lógica  mesiánica, etnocéntrica y fundamentalista desde el cual se aproximan a la gestión pública.

Un antecedente reciente constituye lo ocurrido en la última campaña electoral, cuando la lideresa
del fujimorismo recibió no sólo el respaldo de varios líderes y pastores evangélicos vinculados a este sector, sino también una suerte de “unción espiritual” anticipada para ejercer el poder.

Como en aquella ocasión, es interesante observar en esta coyuntura el modo como en esta suerte de
matrimonio político-religioso neo-conservador confluyen grupos y medios evangélicos y católicos,
cuyos operadores coinciden,  en su particular forma de tutelar la moral pública desde una plataforma religiosa fundamentalista.

Por ello, no deberíamos observar a estos líderes como actores religiosos que entran a la esfera pública y la arena política de manera aventurera o como consecuencia de algún llamamiento divino extraordinario para constituirse en los nuevos “pastores que buscan adecentar la política”. Su aparición responde, más bien, a una presencia política estratégica que hace parte de la cruzada de un movimiento religioso-político  mesiánico global con fuertes influencias para incidir desde su “agenda moral” en las políticas públicas.

En esa línea, es interesante observar las coincidencias y conexiones de este movimiento con el proyecto político de líderes evangélicos  adscritos a la denominada “derecha religiosa” norteamericana, particularmente asociada a dos de las organizaciones evangélicas ultraconservadoras de enorme incidencia histórica en instancias influyentes de la política estadounidense,  la “Christian Coalition of America” y la “Moral Mayority Coalition”.

Precisamente, connotados líderes de este sector religioso han “santificado”, con frecuencia, la aplicación de políticas globales que han implicado la legitimación de la violación de los derechos
humanos.

Pero, ¿cuáles son los factores que alimentan –en nuestro contexto –esta suerte de matrimonio entre
fundamentalistas políticos y religiosos?

Por un lado, ambos sectores se necesitan para legitimar sus discursos y estrategias de poder.
Aquellos que desde este sector ejercen el poder o han tenido responsabilidad política a nivel de
la gestión pública, necesitan del respaldo legitimador de los “rostros pastorales” y el discurso político de  los “predicadores de la moral religiosa” para ocultar sus responsabilidades éticas respecto a los actos de corrupción, violación de los derechos humanos o la aplicación de modelos económicos que atentan contra la dignidad de las personas.

Aquellos que se mueven desde esta frontera religiosa necesitan la plataforma y la estructura política, no sólo para empoderarse en la esfera pública sino también para incidir desde su cosmovisión moral en las instancias desde donde se gestionan las políticas públicas. Esta lógica religiosa neo conservadora se distancia claramente de aquellos que, desde otra perspectiva de la fe,  participan en el quehacer púbico e inciden en las políticas públicas con una agenda clara de defensa de (todos) los derechos humanos, lucha contra la impunidad y resistencia a todo tipo de autoritarismo.

Finalmente, estos dos sectores del neo-conservadurismo político-religioso coinciden en la necesidad de instaurar desde el Estado un determinado orden regulador de la moral pública, que lesiona la participación ciudadana. Esta cosmovisión alimenta una particular forma de entender la práctica ciudadana y la gestión pública, por el cual la búsqueda del bien común es remplazada por una sociedad de privilegios, y el consenso y el debate ciudadano es sustituida por una suerte de orden social predestinado. De este modo, este proyecto –que se sostiene en la lógica del tutelaje político-religioso –pone evidentemente en cuestión valores centrales de la democracia y ningunea claramente el carácter laico del Estado.

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2 comentarios Add your own

  • 1. Michael Ayala Alva  |  9 diciembre, 2012 a las 5:01 am

    Espectacular, interesante Rolando, gracias por compartir esta reflexión. Qué interesante este momento histórico en que los conservadores hacen cualquier cosa para alcanzar el poder político. Saludos

  • 2. rolandoperez  |  9 diciembre, 2012 a las 1:54 pm

    Es cierto Michael, es un momento muy particular y significativo para pensar el papel de los actores religiosos en la politica, y particularmente el de los evangelicos. El neo conservadurismo religioso esta cada vez mas incidiendo en esfera publica y las instancias del poder de un modo estrategico. Y en esta ruta ´vale todo´, para ellos. seguimos!. gracias por leer mis reflexiones.

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