Bajando a Dios de las nubes

13 octubre, 2009 at 8:58 pm Deja un comentario

te deum 13José Luis Pérez Guadalupe (*), un influyente pensador católico en el Perú, escribió un sugerente y provocador libro titulado Baja a Dios de las nubes, en el que plantea una serie de estrategias que los católicos deberían tomar en cuenta para evitar la migración de sus fieles hacia las congregaciones evangelicas.

El Diario El Comercio le hizo una valiosa entrevista en el 2007. Les comparto porque su lectura sobre el crecimiento de la población evangélica y sus implicancias políticas y sociales sigue vigente.

¿Cuántos y quiénes son los evangélicos en el Perú?
Son entre el 13% y el 15% de los peruanos, distribuidos en más de 100 denominaciones. Cada denominación puede tener varias iglesias. En la actualidad, el 69% ciento de los evangélicos peruanos es de línea pentecostal, el 24% de línea no pentecostal y el 7% de línea neopentecostal o carismática. Entre estos evangélicos no están ni los mormones, ni los testigos de Jehová, ni los adventistas del séptimo día, tampoco los israelitas del nuevo pacto, que es una creencia ‘made in Peru’.

¿Van a seguir creciendo?
Así es, y no solo en términos cuantitativos, sino también cualitativos. Hace 20 años, por ejemplo, no se veía templos evangélicos en zonas de clase media o alta. Ahora sí, sobre todo de la línea neopentecostal.

Digamos que ya tienen una presencia en toda la sociedad.
Así es. Tienen la asociación de hombres de negocio del evangelio completo, tienen los surfistas cristianos, etc. Es decir, tienen gente en todos los niveles sociales, de todas las actividades: de la política, del empresariado. Se han diversificado y han cambiado esa imagen de secta, de sector popular y de “pobrecito, le lavan la cabeza”.

¿Por qué los evangélicos son militantes y los católicos no?
Primero, porque son iglesia de minoría; y segundo, porque su pertenencia es adquirida, no adscrita. En cambio la pertenencia católica es adscrita: tú naces, te bautizan, heredas, mientras que ellos no; ellos han decidido ser evangélicos, lo que los hace participar militantemente en su iglesia. De modo que ese 13% o 15% de evangélicos es 13% o 15% militante, en tanto que el 75% de católicos no es un 75% militante.

¿Hasta qué porcentaje de la población pueden llegar?
Mi proyección es que van a llegar a ser entre 20% y 25% de la población peruana en los próximos veinte años. De ahí van a tener un proceso de estancamiento, principalmente por tres razones: primero, porque la Iglesia Católica está reaccionando; segundo, porque ya no va a haber tanta religiosidad o tanta avidez de religiosidad en el país; y tercero,
porque ellos también van a tener un proceso de desgaste institucional. Entonces tanto la Iglesia Católica como la evangélica tendrán su porcentaje militante.

Existe un abismo entre el interés que suscitaron en los años 60 y 70 las conferencias episcopales de Medellín y de Puebla y el que se percibe ahora en torno al próximo encuentro de Aparecida. ¿Qué ha pasado en estas últimas décadas?
Son tiempos diferentes. Hay muchísimos elementos por analizar. Uno es, por ejemplo, el hecho de que ya no exista en América Latina un monopolio religioso católico, sino una pluralidad. Antes, tú nacías latinoamericano y, automáticamente, nacías católico. La identidad era: latinoamericano, tercermundista, mestizo y católico. Ahora, ya no. Ahora hay una brecha cada vez mayor entre natalidad y sacramentalidad.

¿Se refiere a que cada vez menos gente que nace es bautizada católica? ¿Los bautizan en otras iglesias?
O en ninguna, incluso sin que haya un rechazo explícito o implícito al catolicismo. Se dice que en el Perú, un 25% de niños que entra al colegio ya no está bautizado. Sin . embargo, en la diócesis de Chosica, monseñor Strotmann ha encontrado que la cifra es la inversa: que el 75% de niños que entra al colegio ya no está bautizado.

¿Cuándo comenzó a manifestarse esta tendencia?
El cambio fundamental ha ocurrido a mediados del siglo pasado. Hasta ese momento, tal vez hasta el año 30, todo niño que nacía era bautizado: la Iglesia llegaba a todos en el Perú. A lo largo del siglo XX, sin embargo, se ha visto que todos los servicios sociales mejoraron en cobertura y calidad, desde salud hasta educación, pero no ocurrió lo mismo con la llegada católica. Ahora se ve cómo va bajando el número de bautizados.

Y al mismo tiempo aparecen con fuerza diversos grupos no católicos.
Este fenómeno es más nítido desde los años 60. Los primeros misioneros protestantes llegaron al continente a fines del siglo XIX, sobre todo de Inglaterra. Eran básicamente bautistas y metodistas. La primera comunidad evangélica del Perú se formó en 1889. Fue la primera de peruanos, pues antes existían protestantes, pero eran ingleses que venían a trabajar en el Perú. La primera comunidad de peruanos es de esa fecha.

¿En Lima?
En el Callao. Décadas después, en los años 60, comenzaron a llegar misioneros de Estados Unidos. Esta es una nueva tendencia misionera, más bien conservadora, proselitista, muy gringa, que en conjunto se tipifica como grupos evangélicos.

Usted ha escrito que aunque el origen de este crecimiento evangélico tiene una inicial marca estadounidense, en la actualidad es esencialmente nacional.
Lo que yo planteo es que en 50 años las iglesias evangélicas han logrado lo que la Iglesia Católica hizo en 500, es decir, latinoamericanizarse por completo. Por ejemplo, mientras los católicos –sobre todo en el Perú, Bolivia y algunos otros países– todavía dependemos de sacerdotes y misioneros extranjeros, en la gran mayoría de países latinoamericanos, incluido el Perú, los evangélicos ya no dependen de los misioneros estadounidenses. Se han nacionalizado por completo. Tampoco dependen de afuera para mantener sus templos.

En sus investigaciones, usted menciona, por ejemplo, que mientras el 98% de los pastores evangélicos son peruanos, solo son peruanos el 50% de los sacerdotes católicos del país. O que, mientras los pastores son, en promedio, jóvenes, los sacerdotes católicos tienen una edad media de 55 años.
La crisis vocacional en la Iglesia Católica es general, no solo latinoamericana. El ideal religioso moderno ya no es la vida sacerdotal, como antes. En Europa, por ejemplo, el ideal de altruismo era antes el franciscano misionero que se iba a África. Ahora tal vez es el médico de la Cruz Roja en un país del Medio Oriente. Es decir, se ha trasladado a un modelo civil, a un modelo laico, a un modelo no religioso. Ya no se busca una moral confesional, sino una ética más filosófica.

¿Es porque el mundo se ha secularizado?
Pero también porque en el mundo actual las opciones son más relativas. Antes se optaba por algo y era para siempre. Así ocurría con los matrimonios, por ejemplo. Ahora todo el mundo se casa con la ilusión de que sea para siempre, pero no con la decisión de que sea para siempre. Y en muchos casos, de hecho, no es para siempre. Pasa lo mismo con las vocaciones sacerdotales. Hay gran cantidad de gente que entra al seminario, pero que no llega a ordenarse; y hay otro tanto que llega a ordenarse, pero que no continúa con la vida sacerdotal.

Usted pone en relieve que en Europa el terreno que pierde el catolicismo no lo llena nadie, en tanto que acá se abren numerosos templos evangélicos. ¿Quiere decir que sí se mantiene la religiosidad?
En América Latina no se puede hablar de ateísmo o de secularización como en Europa, pues el continente sigue siendo eminentemente religioso. Aquí se respira religiosidad. Todos los signos apuntan a eso: la cantidad de templos, la cantidad de devociones… Tú miras a todos los lados y la gente es eminentemente religiosa. El problema, como yo lo planteo, no es de demanda religiosa, sino de oferta eclesiástica. Es decir, no es que la gente no quiera creer. La gente quiere creer. Lo que ocurre es que no hay sacerdotes misioneros, no hay agentes pastorales que vayan a satisfacer esa necesidad religiosa.

¿No estamos en un mundo cada vez más indiferente con la religión?
Sin duda cada vez va a haber un porcentaje mayor de indiferentismo religioso, pero el ateísmo militante va a ser mínimo. No estamos en Europa. Lo que sí va a haber es una suerte de ateísmo práctico. Eso ya lo vemos ahora en los jóvenes. Antes no había que llegar a ellos: estábamos ahí, íbamos, participábamos, no teníamos que convencerlos de nada. Ahora hay que convencerlos, hay que llamarlos, hay que agruparlos, hay que hablarles de los fundamentos de la fe, pues ya no están instruidos en esa línea.

Usted también subraya el ejemplo de San Juan de Lurigancho, distrito con 800 mil habitantes en donde, frente a las 90 capillas católicas, existen 286 templos evangélicos. ¿Qué deberían hacer los católicos allí?
La pregunta es: ¿Cómo enfrentas eso? ¿Vamos a traer más sacerdotes para allá? No tenemos. No hay. ¿Cómo enfrentas eso? ¿Abriendo más capillas? Eso es lo que estamos haciendo. Ahora ya no son 90, sino 100. Pero eso no arregla el problema de fondo. Por otro lado, cuando hablamos de casi 300 templos evangélicos, estamos contando también los templos de cochera, aunque de todas maneras es igual, pues de aquí a 10 años comprarán la casa de la cochera y de aquí a 20 años veremos allí un templo.

¿Cuánto pesa en los católicos que se vuelven evangélicos las actitudes de la Iglesia consideradas conservadoras: anticonceptivos, celibato, exclusión de las mujeres del sacerdocio…?
Mi opinión es que eso no pesa mucho. En muchos aspectos, los evangélicos son mucho más conservadores, estrictos y rígidos. Por otro lado, la gente que se va no se plantea un cambio racional; no dice: “La Iglesia Católica no permite tal o cual cosa, entonces me voy a la otra”. No es así. Hay otro tipo de razones. Por ejemplo, el descontento con su propia Iglesia. Yo les he preguntado a mil ex católicos: “¿Si esto que encontraste en los nuevos grupos lo hubieras encontrado en la Iglesia Católica, te habrías ido?”, y el 92 por ciento respondió que no.

¿Qué es eso que no han encontrado?
Yo lo pongo en tres perspectivas: experiencia de Dios, vivencia de comunidad y verdad doctrinal. El tema fundamental es la vivencia de fe, es decir, la experiencia de Dios. Sin eso, no hay nada. El segundo punto es el sentido de comunidad. ¿Qué pasa cuando uno entra a una iglesia católica? Nada. En cambio, cuando uno va a una iglesia evangélica, desde la puerta lo están recibiendo, acogiendo, preguntándole cómo se llama. Lo tratan de integrar en su comunidad.

¿Por qué no hacen eso los católicos?
Se hace en ambientes parroquiales y en movimientos apostólicos. El problema es que ellos son pocos en comparación con la gran mayoría católica. Nosotros no llegamos a acoger debidamente a toda la población católica, pues somos iglesia de mayoría. Como decía antes, el problema no es teológico o estrictamente eclesiológico, sino pastoral, es decir, ¿cómo llegamos a la gente? En 500 años de acostumbrarnos a que la gente venga a nosotros, nos hemos apoltronado y ahora no sabemos llegar a ella. La gente ya no viene. Hay que ir a buscarla, así como hacen los evangélicos.

¿Cómo harán eso, si cada vez hay menos sacerdotes?
Estamos acostumbrados a que todo lo haga el sacerdote. ¿Qué se logra con eso? Que los laicos no participen. El laicado latinoamericano está acostumbrado a ser pasivo. El laico evangélico, en cambio, es más militante. Todo evangélico es evangelizador; todo evangelizado se vuelve un evangelizador.

¿Qué harán, entonces, con pocos sacerdotes y con laicos pasivos?
Eso está cambiando, no solo por la carencia de sacerdotes, sino por la convicción teológica de que el laico debe tener, en efecto, un papel preponderante, no solo como colaborador, sino como protagonista de su propia iglesia, protagonista también en el proceso de evangelización. Se está reaccionando, y ahora se habla de métodos de evangelización, de cómo llegamos a la gente. Hay todo un movimiento de evangelización y un renacer de los laicos. Es un movimiento inmenso, aunque aún no se siente.

¿Imagina un catolicismo atractivo de nuevo para jóvenes y adultos?
Esa es la esperanza que tengo como católico: ser una Iglesia renovada, con una visión más eclesial, donde el laico sea el evangelizador de los laicos, donde el padre de familia sea el evangelizador de otros padres de familia, donde los jóvenes sean evangelizadores de los jóvenes, los académicos de los académicos…

_______________

(*) J Luis Perez Guadalupe es licenciado y magíster en Teología por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, Educación y Antropología por la PUCP.

Actualmente es director de la Pastoral Social de la Diócesis de Chosica, donde desde 1986 se desempeña como agente de pastoral carcelaria en el penal de Lurigancho. Ha publicado media docena de libros, entre los que destacan “¿Por qué se van los católicos?”, “Ecumenismo, sectas y nuevos movimientos religiosos” y “Baja a Dios de las nubes. Una alternativa católica al crecimiento de las llamadas ‘sectas’ en América Latina”.

Fue designado por el papa Benedicto XVI para participar, junto con ocho obispos y un sacerdote peruanos, en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrado del 13 al 31 de mayo del 2009 en el Santuario de la Aparecida, en Brasil.

Entry filed under: religion y cultura. Tags: .

Brazil’s evangelical turn Sacralizando los asuntos publicos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Categorías

Artículos publicados

octubre 2009
J V S D L M X
« Sep   Nov »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Suscríbete a este Blog


A %d blogueros les gusta esto: